Los Chicos del Coro

Los Chicos del Coro (Les Choristes) es una película francesa del 2004 dirigida por Christophe Barratier. Esta cuenta la historia de un profesor, Clément Mathieu, y cómo cambió las vidas de sus alumnos mediante una visión pedagógica diferente a la de la época, una afectiva.  

La historia del profesor Mathieu inicia con su llegada a un internado rígido en el que predominaba el castigo con el lema del director Rachin “acción - reacción”. Este consistía en asumir que toda travesura, error o falta era intencionada y, por ende, el alumno debería de asumir responsabilidad y ser castigado de forma inmediata. No hacía falta intentar comprender a los alumnos o su comportamiento porque seguirán actuando así, dejando en muestra que son niños problemáticos y que solo mediante el miedo y la autoridad se les podrá controlar. Esto resultó en un círculo vicioso, ya que los castigos generaban más resentimiento y frustración en los niños, lo cual resultaba en actos de mayor rebeldía acompañados por peores castigos. 

Sin embargo, después de estar solo un par de minutos dentro del internado, el profesor Mathieu logró reconocer rápidamente que existía una causa mayor detrás de la mala conducta de los niños. Pues, la mayoría de los chicos del internado sufrían de una sensación de abandono de parte de sus familias,  una falta de afecto, miedo constante, aburrimiento y frustración hacia su situación, por lo que no eran niños problemáticos, sino niños con problemas complicados, especialmente para su edad, que estaban siendo reprimidos e ignorados. Erán niños que necesitaban ayuda y no sabían cómo pedirla, o hasta a veces ni eran capaces de reconocer que la necesitaban. Eso fue hasta que llegó el profesor Mathieu. 

Él rápidamente identificó que los problemas del internado se debían a su entorno y sistema tóxico, y no a una maldad inherente en los niños como pensaba el director Rachin. Por ello, la solución que se necesitaba no era implantar más miedo, sino al revés, se necesitaba generar un vínculo de confianza y afecto con los alumnos. Esta se volvió la misión de Mathieu, a pesar de que implicaría romper con las normas del internado asentadas por el director Rachin y que no iba a ser un proceso fácil. 

Para lograr cumplir con su objetivo, el profesor Mathieu intervino y estableció una pedagogía afectiva. Dedicó sus primeros días a encontrar el potencial dentro de sus alumnos eliminando los castigos para demostrar su voto de confianza y, así, establecer una conexión de respeto mutuo. Además, creó un coro con el objetivo de sustituir el resentimiento y el resto de sentimientos negativos reprimidos con propósito, esperanza y compromiso a un proyecto colectivo. Al reconocer a cada alumno como un individuo y darles roles en el coro basados en sus fortalezas y necesidades consiguió que se sintieran vistos e imprescindibles. A su vez, el coro también les dio una fuente de inspiración y expresión al igual que una salida emocional para despejarse. Los resultados de esta intervención fueron radicales, tanto en el ambiente del internado como en la reinserción de los alumnos originalmente conocidos por ser “problemáticos”. 

Al fin y al cabo, el gran impacto del profesor Mathieu se resume en la transformación de un aprendizaje mediado por el miedo a uno caracterizado por el acompañamiento y afecto del docente. Mathieu cambió la vida de sus alumnos simplemente reconociendo sus fortalezas  y haciéndolos sentir vistos, desarrollando así su autoestima. Los impulsó y motivó cada día para que ellos mismos se esfuercen para alcanzar su máximo desarrollo personal, académico y artístico. 

Esta película me dejó profundamente conmovida e inspirada. Como futura docente, ha dejado una gran marca en respecto a quién espero llegar a ser para mis alumnos, y el legado que quiero construir. Mathieu me demostró que la herramienta pedagógica más poderosa es la mirada que confía en un alumno cuando ni él mismo es capaz de hacerlo. Sinceramente, espero llegar a ser el profesor Mathieu de alguien.  

Imagen tomada de 
https://www.filmaffinity.com/es/film458038.html
Al ver la película, recordé y comprendí la importancia de tener en cuenta la Pirámide de necesidades de Maslow en el mundo educativo. Un niño cuyas necesidades básicas no están cubiertas, incluyendo la seguridad y autoestima, no puede centrarse en matemáticas o el libro que tienen que leer de tarea. Por eso, el rol de un docente va mucho más allá de la mera transmisión de contenidos, necesitamos ser, ante todo, agentes de afecto para nuestros alumnos. Nuestra aula debe ser un espacio seguro para ellos siempre, independientemente de lo complicada que sea su vida en casa, en clase siempre se siente protegido, importante y querido. Más allá de impulsarlos a alcanzar las metas académicas, debemos identificar sus fortalezas y ayudarlos a utilizarlas para convertirse en quienes quieren, y recordarles que a pesar de sus dificultades también tienen el derecho de cumplir sus sueños. 

Asimismo, nunca podemos olvidar que cada persona es quien es por sus circunstancias. La maldad rara vez nace por gusto, en vez se suele deber a un problema mayor. Por ello, la mala conducta en un niño nunca debería de ser castigada y ya, sino que debería de ser minuciosamente estudiada ya que suele ser una petición de ayuda. 


No obstante, tras ver la película, me surgió una reflexión: ¿Qué es más importante, la motivación del alumnado por estudiar o la del profesor por enseñar?. Pues, en un mundo ideal, toda actividad educativa se caracterizaría por una gran motivación, tanto de los docentes como de los alumnos. Pero, esta rara vez es la realidad ya que a menudo alguno de los dos agentes carece de motivación. Entonces ¿por cual deberíamos luchar más, la motivación intrínseca o extrínseca?

Hace unos meses, hubiera contestado que lo más importante en la actividad educativa es la motivación del alumno. Por experiencia propia, sé que independientemente de si tienes un profesor apasionado por su asignatura o no, la voluntad propia puedo asegurarte un buen rendimiento. Sin embargo, por esto mismo, existen casos en los que por mucho que un profesor transmita su pasión al enseñar, si el alumno está completamente desmotivado y desinteresado el aprendizaje significativo no se producirá. Por ello, solo si tú como alumno verdaderamente quieres mejorar y seguir aprendiendo, entonces, te esforzaras por ti mismo para alcanzar el éxito real. Además, el aprender de forma autónoma e independiente te asegura éxito educativo a lo largo de tu vida, ya que adquieres las herramientas y adaptabilidad necesarias para hacer frente a los cambios del mundo fuera del aula, en lugar de depender de que alguien diga cómo enfrentarlos. 

Ahora bien, tras ver la película y realizar toda la reflexión previa sobre el rol de Mathieu, considero que el factor fundamental en la actividad educativa es la motivación por enseñar del profesor. La película muestra que la carencia de motivación de los alumnos no siempre se debe a pereza, sino que en la mayoría de los casos esta se debe a una autoestima baja o problemas independientes a la capacidad cognitiva del individuo. En el “ciclo vicioso” experimentado dentro del internado de Rachin, es imposible que nazca naturalmente esa voluntad propia por aprender si estas reprimido por tantos mecanismos de control y factores emocionales negativos. Por ello, la motivación imprescindible del docente no es solo por enseñar, sino también por otorgar valor y sentido a lo que se enseña. Un profesor verdaderamente apasionado podrá transformar completamente el ambiente del aula para que los alumnos encuentren un propósito y logren así despertar su propia voluntad por aprender. 

Así que, teniendo todo esto en cuenta, mi posición actual frente a esta pregunta es que la propia motivación como alumno puede llevarte muy lejos, pero estos son casos individuales y la excepción a la norma.
Mientras que un profesor verdaderamente apasionado es capaz de despertar dentro de todos sus alumnos esa motivación que se convierte en voluntad propia. Aunque alumnos motivados facilitan su propio proceso de aprendizaje, nuestra labor como docentes es asegurar que, a falta de esta, nuestra aula sea el lugar en el que nace, a través de la transmisión de herramientas, confianza y propósito.

P.D. Durante lo que queda abril y todo mayo pueden ir a ver el musical de Los Chicos del Coro en el Teatro La Latina a muy buen precio. Se los recomiendo mucho.

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