Diferentes ciudades, diferentes pizarras

 

Como ya les adelanté en mi introducción, he tenido una infancia ligeramente distinta a la típica. En un plazo de 10 años me mudé dos veces, lo cual no es tan fuera de lo normal, sino lo que en verdad es “impactante”, así por decir, de estas mudanzas es que ambas implicaron un cambio de país, idioma y, por ende, sistema educativo. Mi día a día cambió completamente, y cada país supuso una realidad muy distinta para mí, sobre todo en el aspecto escolar.  


En esta entrada voy a contarles sobre la educación que recibí en México, Estados Unidos y España, contrastando sus diferencias y lo que más aprendí de cada una, ya que cada sistema dejó una huella en mi.



Imagen creada por Gemini.


Empecemos por el principio…


México: 


Antes de hablar de mi primera experiencia educativa, es importante darles un poco de contexto sobre la sociedad mexicana. Uno de los aspectos más bonitos de México es la importancia que se le da a la familia y a la comunidad como sistema de apoyo incondicional. Por esto mismo, también valoran mucho la idea de pertenencia, es decir, el formar parte de algo y ser aceptados por un grupo, lo cual resulta en una constante preocupación por la imagen. Esta inseguridad o miedo a ser rechazados por la sociedad ha provocado que México se considere un país clasista, idea que ha sido fortalecida también por las grandes brechas económicas del país. 


Desde esta perspectiva, es más fácil entender porque para los mexicanos el colegio no es solo un lugar en el que le enseñarán a tus hijos a sumar, sino que será el centro de sus vidas sociales y lo que marcará su estatus para siempre. Por esto mismo, fuera del contexto de la clase baja, la educación pública rara vez se contempla como una opción. De hecho, solo se le otorga verdadero prestigio al sector público a nivel universitario. Ahora bien, esto no es por desprecio a la calidad del sistema público y la formación de sus docentes, sino que debido a la gran brecha económica del país, los recursos y resultados que ofrece el sector público son incomparables a la situación socioeconómica que te puede prometer el sector  privado. Por eso mismo, una de las primeras cosas por las que la clase baja ahorra es por la educación privada de sus hijos.  

Imagen tomada de 
https://www.telemundo33.com/noticias/local/verde-blanco-y-rojo-que-representan-los-colores-de-la-bandera-mexicana/2176230/

Teniendo esto en cuenta, mientras vivíamos en México yo iba a un colegio privado y religioso de los oblatos de María Inmaculada. Se trataba de un centro bilingüe, con uniformes impecables y un entorno muy tradicional y religioso. Sigo recordando los rezos cada mañana y los saludos a la bandera cada otra semana. Era un ambiente con un networking social muy marcado, donde las familias estaban involucradas y pendientes de lo que sucedía tanto en clase como fuera de clase.  Desde las kermeses (ferias escolares) hasta las misiones, la escuela era la vida social de la familia.


Mi colegio era un centro que abarcaba todos los cursos, desde preescolar (infantil) hasta prepa (bachillerato). Tanto en preescolar como en primaria éramos cursos compuestos de 6 clases de 30 alumnos, por lo cual las generaciones eran bastante grandes. No obstante, conforme avanzabas en las etapas educativas los grupos se iban reduciendo. Este proceso de reducción de tamaño se hacía teniendo en cuenta tus notas, si en sexto de primaria eras de los 30 alumnos con peor nota, era muy probable que te echaran del colegio y tuvieras que buscar otro para hacer secundaria. 


La misión educativa del colegio era promover el desarrollo integral de los alumnos como seres humanos, cristianos y agentes de cambio de la sociedad. Por ello, se le daba la misma importancia a la formación académica, como cristiana. Todos los cursos teníamos religión un par de veces a la semana y misiones como excursiones, pero había cursos concretos en los que se hacía más. Por ejemplo, en tercero de primaria se daba catecismo obligatorio y a finales del año todo el curso hacia su comunión juntos.  


Un aspecto que recuerdo con mucho cariño de este colegio es cómo gestionaban la inclusión. Había una clase específica destinada a alumnos con necesidades especiales. No obstante, ellos no estaban aislados, sino completamente lo opuesto. Participaban en nuestras clases un par de veces a la semana y estaban presentes en todos los eventos y momentos clave. Eran 'uno más' del grupo, y sumamente queridos por todos nosotros, lo que nos enseñó desde muy pequeños a integrar la diversidad desde el afecto y la convivencia diaria


Otros datos curiosos sobre el sistema educativo mexicano es que a las profesoras se les llama miss y su nombre, y que todos los centros privados tienen buses que recogen y dejan a los niños en la puerta de su casa. También ofrecían una gran variedad de actividades extraescolares, y al principio de cada año escolar te permiten probar varias antes de elegir con cuáles te quedas todo el año. 


Debido a la importancia que se le otorgaba a la imagen y excelencia, allí es donde nació mi autoexigencia. Desde muy pequeña se me dio a entender que la sociedad ya tenía una expectativa de mí que debía cumplir, y esta integraba aspectos académicos, sociales y morales. Esto mismo, también originó mi necesidad de quedar bien con todo el mundo, o de ser una persona complaciente, otra característica común de los mexicanos. 


Pero, a su vez, me lleve muchas cosas positivas de este sistema. En estos años adquirí el tan conocido código mexicano, que mezcla la amabilidad, cortesía, hospitalidad e ingeniosidad, y que formó gran parte de quien soy hoy. 


Estados Unidos: 


Ahora que saben todo esto sobre México podrán entender el impacto cultural que vivimos al llegar a California. La sociedad californiana no podía ser más distinta a la mexicana, en lo bueno, y en lo malo. Es un mundo mucho más relajado y diverso, donde la opinión del resto no podía ser más irrelevante. La gente iba a hacer la compra en pijama o tenía el pelo de tres colores distintos, y a nadie le importaba. Pasamos de vivir satisfaciendo las expectativas del resto, a descubrir quienes verdaderamente queríamos ser, y esto es lo que más valoro de estos años, haber tenido la oportunidad de descubrirme y ser quien quiero ser.


Completamente opuesto a México, en California los institutos privados y públicos tienen un prestigio parecido, mientras que las universidades con mayor mérito son las privadas. Por ello, los siguientes 7 años de mi vida fui a un colegio público. Ahora bien, desde la perspectiva educativa, esta etapa de mi trayectoria académica se divide en dos: lo que me quedaba de primaria y secundaria. 

Mis años de primaria en California fueron mis favoritos sin duda, aún hablando y escribiendo acerca de ellos hoy lo hago con una sonrisa. Esta cultura de relajación de la que les estaba contando se reflejaba hasta en el sistema educativo. Yo llegué en segundo de primaria, y estaban dando cosas que yo había dado a finales de preescolar (infantil). Yo llegué leyendo libros de 200 a 300 páginas, y en sus clases apenas tenían libros con más de 100 páginas. Pero esta ventaja académica en verdad me vino muy bien porque me dio la oportunidad de centrarme en la adquisición y perfeccionamiento del inglés.


Mi colegio se caracterizaba por su diversidad cultural, celebrabamos todo tipos de festivos y aprendimos acerca de múltiples culturas. Tenía compañeros de la India, Japón, China, Rusia, y Perú, entre muchos más. Creo que esta diversidad fue la misma que me hizo sentir menos sola al llegar, pues, tenía compañeros cuyo inglés era muy limitado y no se podían ni comunicar con los profesores pero todos nos ayudabamos como pudiéramos. Se trataba de una educación bastante personalizada a tus capacidades y necesidades, pero siempre impulsandonos a llegar a más. Además, mediante programas de apoyo consiguieron que todos los alumnos nos encontráramos más o menos equilibrados académicamente, a pesar de la circunstancias de cada uno. 


Imagen tomada de 
https://travelingua.es/blog/bandera-de-estados-unidos/

En cuanto a su metodología, se inclinaba mucho hacia los proyectos de reflexión y razonamiento para desarrollar nuestra creatividad y pensamiento crítico. Concierto que era una escuela con un plan educativo muy moderno ya que una multiples veces al año hacíamos actividades de diseño thinking, y muchos proyectos cooperativos. A su vez, su misión educativa era promover la inclusión, la buena ciudadanía con programas como “student council” y querían crear una comunidad con las familias. 


Sin embargo, por mucha diversidad cultural que había, no había visibilidad para alumnos con necesidades especiales. Al igual que en México, existía un aula destinada a estos alumnos, pero la realidad es que existía una desconexión total con el resto del colegio. Tenían sus propios espacios y dinámicas, hasta el punto de que nunca coincidimos con ellos ni llegamos a conocerlos muy bien.


Otras diferencias con primaria en México son que las actividades extraescolares generalmente se hacía en clubes externos no en programas ofrecidos por el cole, la generación estaba compuesta de menos clases por lo que apenas eramos 100, todas las mañanas enviamos qué hacer el saludo a la bandera o “Pledge of allegiance”, y todos los lunes nos reunimos todo el colegio en el pabellón para hablar de los eventos de la semana y dar noticias especiales. En cuanto a la relación con los profesores, solo teníamos una al año y existía cierta distancia emocional con ellas. Es decir, por mucho cariño que les tuvieras o te tuvieran, mantienen una relación muy profesional con sus alumnos, hasta se les llamaba “Ms.” y su apellido si era soltera, o “Mrs.” y el apellido de su marido si estaba casada.


Ahora bien, muchos de estos aspectos cambiaron en secundaria. Mi secundaria tenía los mismo objetivos que mi primaria, pero debido a que ahora las generaciones eran de más de 400 alumnos se tenían que centrar en otras cosas. Con esto me refiero a que mantener un colegio de más de mil adolescentes no era fácil, por lo que su principal objetivo era el control y la buena convivencia. 


La secundaria y el high school de EEUU son bastante parecidas a lo que muestran las series y películas. Es una etapa en la que los alumnos se dividen en grupos homogéneos, se juzgan entre ellos, se creen que son el centro del universo, los mayores se meten con los menores, y existe un grupo popular al que todos quieren pertenecer, es decir, todo muy cliché. Por lo que se pueden imaginar había muchos problemas de convivencia, ya fuera entre grupos o por la gran cantidad de alumnos viviendo situaciones difíciles o crisis de identidad en esta etapa. Por esto mismo, el colegio contaba con múltiples psicólogos y psicólogas y estos siempre estaban ocupados. Por esto mismo, el enfoque principal del personal era asegurar una convivencia pacífica y que todos se graduaran. 


Imagen tomada de 
https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-62057522

Para asegurarse de que todos aprobaran y se graduaran existan clases para distintas capacidades en asignaturas como lengua y matemáticas. Además, las clases más importantes no erán las típicas que requieren gran capacidad intelectual, sino que se le otorgaba mucha importancia a la educación física y las asignaturas optativas, como música, arte, programación, etc. En especial, se tomaban muy en serio los deportes, tanto los extraescolares donde los equipos representaban a nuestra escuela y jugaban contra otras escuelas rivales, como en la asignatura de educación física. Esa última la teníamos 4 veces a la semana, y cada día como calentamiento teníamos que correr al menos una milla (1,6 km). El resto de la hora hacíamos todo tipo de deportes, pero nunca juegos como pilla pilla o balón prisionero, siempre se trataba de llevar a cabo un partido serio. La nota de esta asignatura dependía completamente de nuestra capacidad física. 


El motivo principal detrás de la importancia de los deportes y las asignaturas optativas es que pueden ser la puerta de entrada a la universidad para muchos de los alumnos. Dicho en otras palabras, en EEUU muchos alumnos entran a la universidad con beca gracias a sus talentos deportivos, musicales, teatrales, independientemente de que tan buenas sean sus notas. 


Sin embargo, su metodología de enseñanza era bastante vaga, Yo aprendí de todo en esos tres años, pero sinceramente me acuerdo de muy poco hoy en día. Al fin y al cabo, cada profesor tenía la libertad de enseñar lo que quisiera, como quisiera y evaluarlo al gusto, por lo que todos salimos con conocimientos y niveles académicos muy distintos. 


Finalmente, debido al tamaño de las generaciones, el día de graduación había compañeros a los que jamás había visto en los tres años de secundaria. Éramos tantos que los profesores con suerte sabían tu nombre, pero muy rara vez sabían algo más de ti. Teníamos 

7 asignaturas, y en cada una mezclaban grupos para promover una convivencia social más amplia, pero la realidad era que en mitad de las clases estabas rodeada de desconocidos. Todo esto influyó en que secundaria haya sido mi etapa menos preferida de mi trayectoria educativa, 


A pesar de todo, puedo decir con toda la confianza que California me hizo una buena persona. Desarrollaron en mí una conciencia social y humana, y a partir de entonces entendí mi responsabilidad como ciudadana y como ser humano, al igual que la importancia de encontrar a tu gente, y cuidarnos entre nosotros. Al fin y al cabo, como humanos somos lo único que tenemos, el uno al otro, por lo que es fundamental preocuparse por el resto y ayudarles, y no perdemos nada intentando ser personas amables y empáticas. 


España: 

Por último, mi viaje educativo acaba en un instituto privado, mixto y no confesional en Madrid. La titularidad de este, curiosamente, corresponde a una cooperativa de padres. En gran parte, esto es lo que le permite tener una comunidad tan activa y participativa, al igual que un clima en el centro muy cercano y cómodo. Es decir, siempre contabas con el apoyo de todos, incluyendo el personal, los compañeros y sus familias.


La misión del centro es formar a personas autónomas, responsables y comprometidas con los valores humanos y democráticos, mediante una educación integral desde infantil hasta Bachillerato. A su vez, también le dan gran importancia a la excelencia académica ya que demuestra un gran desarrollo personal de parte de los alumnos. Se centran, sobre todo, en un modelo educativo participativo en el que los alumnos son los propios protagonistas de su proceso educativo. Presumen acerca del uso de metodologías modernas, activas e innovativas, lo cual es cierto para los cursos menores, pero en la ESO y Bachillerato la realidad es que la presión del sistema español resulta en el uso de las maneras más tradicionales, como memorizar mucha información para luego vomitarla en el examen. 


Esta excelencia académica, como podrán entender, supuso un gran impacto para mí después de haber estado los últimos tres años en EEUU. Yo no estaba acostumbrada a la idea de que tu eras tu nota académica y ya, por lo que tuve que desarrollar autodisciplina y distintas técnicas de estudio para cumplir con las expectativas. Por suerte, recibí mucha ayuda tanto de los profesores como de mi tutora y hasta de mis compañeros, y gracias a eso me encuentro hoy cumpliendo mi sueño de estudiar lo que siempre he querido. 


Imagen tomada de 
https://www.elplural.com/politica/la-bandera-de-espana-cumple-anos-sabes-cual-es-su-origen_204516102


A su vez, como buscan siempre lo mejor para la formación de los alumnos, el centro ofrece todo tipo de experiencias únicas. Desde programas de salud mental, primeros auxilios y cosas del estilo, hasta voluntariados, proyectos solidarios, excursiones y viajes de convivencia. Algunas de mis memorias favoritas siempre serán el viaje de fin de curso a Italia, el viaje de esquí y MUNA en La Haya. 


En Bachillerato éramos un curso de 80 personas, por lo que todos nos conocíamos y teníamos mucha confianza entre nosotros. Inevitablemente, como todo grupo, había problemas convencionales de vez en cuando, pero en verdad aprendimos a querernos todos y ser un curso bastante unido (dentro de lo que cabe). Personalmente, estoy muy agradecida con el colegio por darnos una familia, tanto dentro como fuera de los horarios de clase. 


Todos los docentes del centro contaban con una formación excelente y se notaba en su forma de dar clase e involucración en el proceso de aprendizaje de sus alumnos. A diferencia de los otros países, aquí se les llama por su nombre, lo cual en verdad demuestra la relación de confianza que se desarrolla entre los alumnos y ellos. Definitivamente ha sido el centro en el que más cercana me sentí con mis profesores, los que más llegaron a saber de mi  y los que más impulsaron a ser mi mejor versión.


Ahora bien, este rigor académico no era fácil de enfrentar. Pues, la mayoría de los alumnos acababan experimentando algún tipo de ansiedad académica, y la ausencia de un psicólogo en el centro no ayudaba. Es verdad que todos contábamos con nuestro tutor/a pero, al fin y al cabo, ellos no tenían la formación adecuada como para saber cómo ayudarnos. Por mucho que todos acabamos saliendo de la EVAU con muy buenas notas, el coste emocional fue muy alto. A partir de esto, han surgido muchos debates entre mis compañeros de ¿qué tanto mereció la pena el sufrimiento? o ¿si hubiésemos preferido una nota más baja con un bachillerato menos exigente?. 


Independientemente de esta exigencia académica, siempre le guardaré mucho cariño al centro y estaré eternamente agradecida por la oportunidades que me dieron. De cara al futuro, me encantaría volver al centro a hacer mis prácticas de primaria, y hasta posiblemente trabajar en él una vez graduada.


A partir de está aventura, he decidido quién quiero ser como futura docente y que quiero lograr. Espero ser un lugar seguro para mi alumnos, alguien que les enseña cosas útiles para su futuro y no solo contenido a memorizar temporalmente, y espero ser una inspiración para ellos. Quiero que mis alumnos sean quienes quieren ser sin miedo a ser juzgados, quiero que sean capaces de esforzarse por que quieren no por que deben, quiero que recuerden su tiempo conmigo con cariño y quiero que puedan contar conmigo, tanto en lo académico como en lo personal.

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